En un principio
puede
resultar una labor complicada y a la vez muy simple. La recopilación entera del
perfil que nos detalla se ha convertido en una de las partes primordiales para
emprender nuestra creación. El arte de la semblanza es la descripción escrita
de un artista sobre su trabajo. Su representación verbal breve es para ayudar
al espectador a entender el sentido de su obra. La semblanza de artista es
información que describe o da una introducción general a lo que has hecho.
Currículo. Perfil. Carta de presentación. La capacidad entera del verbo
“persuadir”, o de qué manera acomodar lo auténtico en formatos de 11 x 8.5
pulgadas. El oficio es el más engañoso, un espacio de 119 hectáreas sin
desherbar en los que muy pocos se prestan a la labor de arrancar los pedazos secos
del pasto que arruinan el paisaje. Paisaje mismo que espera ser poblado constantemente.
No es solo el arte de su elaboración, sino también el de hacerle juicio a corroborar los pasajes inscritos en ella. De buenas a primeras es un instrumento que enaltece las victorias, esfuma los fracasos y da mención a momentos claves del enfrentamiento autor versus el sistema literario. Para esto, uno puede decir que su espada tiene el mismo mérito de combate que la espada de Bravehart, pero con la única similitud de haber formado parte de una sobreproducción que no deja en claro el valor y el paraje de la auténtica. En pocas palabras, el medio actual de publicaciones, premios y becas es tan basto y variado, que bien cualquiera puede armarse una defensa en contra de este espacio vacío que hay que llenar para la validez literaria en el México del siglo XXI.
*
El
aprendizaje es simple. Basta con observar detenidamente la propuesta de
cualquier artista de su conveniencia y replicar el formato y el tipo de voz que
debe llevar. Lo siguiente es elaborar una lista de logros profesionales,
publicaciones, y datos importantes de la vida, pero hay quienes prefieren
enumerar sus gustos a falta de lo anterior. A comparación de la biografía este
es un texto breve que se debe reseñar de forma simple, con un rigor de
selección alto para omitir aspectos mínimos de la carrera que van a desaparecer
con la aparición de obtenciones con más valor.
El contexto en el que se enmarca este
formato puede venir acompañado de lo que se llama Posmodernidad o posmoderno;
palabras que pueden ser utilizadas prácticamente para cualquier cosa,
inyectarlas en el margen de cualquier discusión o comentarios que trate temas
actuales, visiones y pensamientos de autores del pasado que se adelantaron y
rompieron ese marco que encajonaba a las vanguardias. La Posmodernidad a
grandes rasgos designa generalmente un amplio número de movimientos artísticos,
culturales, literarios y filosóficos del siglo XX
que se extienden hasta nuestros días, definidos en diversos grados y maneras
por su oposición o superación de las tendencias de la Modernidad. En los años
40’s se optó por denominar el ámbito artístico que se iba desarrollando como
Postvanguardia, que, menos de ser un movimiento estético con características
específicas, fue más bien literario y poético. Nacido en Hispanoamérica,
rechazaba las nociones de la poesía clásica y pura; despojo de la creación con
un fin estético: ni movimiento ni corriente. Los autores eran denominados como
antipoetas, debido al rechazo de las estructuras clásicas que ejecutaban. La
postvanguardia afirmaba la disolución de la totalidad postulada por el
racionalismo y la fragmentación de la inteligibilidad iluminada, por ello se
manifiesta como la destrucción del lenguaje poético convencional en las
posturas surrealistas y existencialistas de la época, ya que el fin era la
búsqueda del yo interno. Contrario a
la ambigüedad externa que no llevaba consigo un apego de la consciencia propia;
una literatura crítica fuera de la vida del autor.
Todo pensamiento emite un lance de
dados, termina el mítico poema de Mallarmé en el que enuncia que todo
conocimiento expuesto en la realidad literaria es a causa de un flujo de la
consciencia expuesta por el azar. Sin embargo, la postvanguardia, en postura a
este pensamiento, declara que a pesar del lance que tenga el lenguaje con la
casualidad no deja de tener un significado en las palabras puestas sobre la
superficie. Este breve ejemplo sirve para ejemplificar la crítica de la razón
literaria del momento y pulir los cimientos de lo que será el ser consciente en
la expresión literaria.
Tomando como máximo exponente de esta
explosión artística a Octavio Paz (en el contexto poético mexicano) ya se tiene
un marco más claro hacia lo que es el entendimiento de las posturas estéticas
de la segunda mitad del siglo XX
y sus respectivos exponentes. En este sentido, Jean Baudrillard, apela a la
vanguardia artística como abanderada de la crítica a la sociedad burguesa. Se
sirvieron de ideas surrealistas como placer y deseo para llevar a cabo su
propia estética posmoderna enfocada al objeto como entidad seductora. En
consecuencia, Octavio Paz en El arco y la
lira (1967), al respecto de la condición burguesa en relación con el
trabajo del poeta, menciona: Los “poetas malditos” no son una creación del
romanticismo: son el fruto de una sociedad que expulsa aquello que no puede
asimilar. La poesía no ilumina ni divierte al burgués. Por eso destierra al
poeta y lo transforma en un parásito o en un vagabundo. De ahí también que los
poetas no vivan, por primera vez en la historia, de su trabajo (pág. 232).
Ante la figura del poeta
completamente rechazado por no tener cabida en la sociedad del siglo XIX, se va construyendo una protesta
ante este fenómeno y es el hecho de que, vaya sorpresa para la sociedad, los
escritores tienen hambre. Esto, en el desarrollo de la sociedad mexicana del
siglo pasado, es un reto que fácilmente logra solucionarse con la inserción de
los escritores en el ámbito político del país: patriarcas del discurso
literario académico. El mismo Octavio Paz, Carlos Fuentes y casi toda la
generación de medio siglo entran dentro de esta descripción, pero los recursos
con los que un escritor cuenta hoy en día cambian totalmente el panorama de la
literatura de la segunda mitad del siglo XX:
la creación de premios y becas literarias que sustentan los proyectos
artísticos son el medio por el que el artista puede vivir y darle cabida a su
validación en la escritura de su semblanza, sin mencionar los viajes a
encuentros literarios que tampoco quedan fuera de estos recursos. En pocas palabras
el artista consigue, más que un empleo, un tubo de posibles ganancias.
La relación entre los escritores y el dinero, según el ensayo de Patricio Pron Escritores urgidos de dinero, siempre ha sido problemática. Giuseppe Scaraffia recordaba tiempo atrás en Los grandes placeres (2015) que Honoré de Balzac disponía de una “escalera secreta en la parte posterior” de su casa que utilizaba para escapar de los acreedores: La dilapidación del joven Charles Baudelaire era tal que su familia trató primero de rehabilitarlo embarcándolo a la fuerza en un viaje por las Antillas. Luego, vista la inutilidad de aquella empresa, pensó que era mejor ponerlo bajo la tutela de un notario de probada frugalidad, mientras escribía la historia de la Bovary que se suicida. No solo por las desilusiones amorosas, sino, sobre todo, por las deudas, Gustave Flaubert no sabía que también a él le tocaría en suerte algo parecido. De hecho, se arruinó por salvar de la bancarrota a su frívola sobrina” (Pron, 2019).
Desde la creación del Consejo
Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) el 8 de diciembre de 1988, y
el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) el 2 de marzo de 1989,
hubo una fuerte demanda por parte de artistas de todo el centro de México para
crear proyectos que incluyeran al arte en la sociedad. Teniendo sus bases en el
muralismo de principios del siglo, el arte debía y, según los lineamientos y
bases actuales, debe de estar comprometido socialmente a los acontecimientos
varios que se presentaban a sus alrededores para poder manifestar el fenómeno
que se trata de estudiar y plasmarlo de manera que contribuya comunitariamente.
Esto junto a la creación de premios que hoy en día son de gran prestigio en el
país, como el premio nacional de poesía Aguascalientes (en el 68) y el Sor
Juana Inés de la Cruz (en el 93).
A partir de estos conceptos y este marco,
entran en contexto lo que rodea la formación del autor en México: escritores
que han estado inmersos en estos cambios y que les toca y les sigue tocando
vivir de estos prestigios; desde su nacimiento, hasta la carrera actual de los
investigadores de la literatura. Un breve repaso a las antologías que se
publican, concluido el lapso de tiempo en el que se le pagó al escritor por
desarrollar su proyecto de escritura, nos dejarán ver la cantidad de desvaríos
estéticos y la proliferación de una escritura “comprometida” a los lineamientos
sociales en boga. No soy yo y no es objetivo en este instante, quién para
juzgar las obras que resultan de estos estímulos creadores, pero es muy
importante preguntarnos ¿cómo pasamos de ser escritores que huyen de los
acreedores a ser escritores que los persiguen? Dentro de la creación, la idea,
o el concepto de semblanza que tenemos actualmente.
Todo este marco de lo literario, lo contemporáneo y la posmodernidad terminan cayendo en la concepción actual del armado de la semblanza. Podemos preguntarnos qué ha cambiado entre un romancero y una antología, entre un libro de poemas de Sabines y uno de Castelo; entre uno de Pacheco y uno de Balam Rodrigo y poner en jaque, en un ejercicio mental de suposiciones, la inserción de genialidades poéticas dentro de las exigencias o puntos a llenar de un proyecto literario.
¿Podría Arthur Rimbaud ser acreedor de una beca Jóvenes creadores, convocatoria 2021, con el proyecto Libro pagano? De entrada, tendría que postularse a la categoría Joven Creador de trayectoria mínima, ya que para entonces solo publicó, a la corta edad de dieciséis años, poemarios parnasionistas y luego simbolistas que publicaba en diarios: ninguna señal de estímulos previa, ni de una obra basta para optar a las categorías grandes. Supongamos que es mexicano, y que en su posible última fuga al centro donde ve por última vez a Verlaine se dispone a comenzar a escribir el proyecto. Al margen del año pongamos que sí, tiene previsto concluir la redacción en 12 meses y obviemos el registro online. ¿Qué propondría Rimbaud en una suerte de elaboración creadora que no nació teniendo un orden fijo y vivencial?
Justificación:
La elaboración de este trabajo estará enfocada en dar un testimonio personal de
los distintos estados emocionales que evoca el consumo del opio en una estadía
prevista en Francia con Verlaine, contando con sus respectivas interacciones
hipotextuales de La Divina Comedia, La Biblia y Fausto. Este proyecto no pretende un carácter automático o
espontáneo de la creación, sino en darle continuidad a un trabajo ya gestionado
desde Charlestown en donde la poesía buscará el fluir de la expresión en
distintos parajes de la ciudad.
Detalle de la obra a realizar
Introducción: Se expondrá la condenación del narrador e
introducirá la historia como páginas de mi diario de condenado. Esta parte será
escrita terminado el proyecto, después de que me disparen en Bruselas. Obviando secciones de más, podría describir el último apartado del libro de la siguiente forma: Adiós: Esta sección aludirá a un cambio de estación de otoño a primavera. Asistiré al triunfo materialista de aquella rutina de la vida cotidiana. el narrador parecerá haberse hecho más seguro y fuerte tras su viaje, y dejará la poesía para iniciar una pequeña fortuna en el tráfico de armas.
Posiblemente no figure el nombre de Rimbaud en la lista de seleccionados, en cuyo caso se le envía el estado final del porqué: “Le agradecemos su generosa intención de proyecto como parte del estímulo Jóvenes creadores 2021 en Nombre de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México. Desafortunadamente, debemos rechazar su propuesta ya que no cumple con la calidad, originalidad, viabilidad y trayecto necesario para hacerlo posible”.
Este ejercicio tan desafortunado y tremendista nos puede dar una idea errónea de lo que es en sí el estímulo creador más deseado por muchos, sobre todo si ponemos en un contexto actual el desarrollo de obras creadas bajo otro contexto social y editorial, pero rescato el intento para emitir un análisis y recomendación al público en general del arte que está próximo a querer aspirar a ello. En muchas circunstancias que desconocemos, pero que podemos aterrizar en la insuficiencia del tan forzoso ejercicio de la elaboración curricular, nos habremos perdido de la posibilidad de tener ante nuestros ojos algún proyecto o libro de calidad bastante alta. Sin embargo, no hay que dejarse caer bajo el monstruo de semblanza de ciertos escritores y querer llegar (idea a mi parecer un tanto innecesaria) a donde ellos por medio de estos estímulos.
*
La actualidad mexicana ofrece un sinfín de caminos por los cuales podemos empezar a construir nuestra semblanza: editoriales independientes y convocatorias a revistas digitales de al menos un prestigio medio. No recomiendo en lo absoluto la grandilocuencia de auto publicar, por medios propios, algún libro terminado. Estén al tanto de la opinión de los demás y expongan sus ideas formando o asistiendo a algún taller de su tipo. Ejemplos sobran de autores que viven promocionando proyectos artísticos a municipios locales con el solo fin de ganar dinero del arte: al principio no se gana mucho, o a veces nada de lo que uno hace, pero es la perseverancia la que perdura. Esa competitividad tan vigente en querer alcanzar preseas literarias no precisamente habla de la calidad artística que podemos ofrecerle al mundo, y para ello está la lectura que nosotros los artistas hacemos para evaluar la calidad de los libros o las propuestas galardonadas por X o Y institución.
Entrada original publicada en el Por Esto!

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