Sorprende que la poesía, entre más se aleja de su fecha de
nacimiento, más joven se hace. Son nuevos autores, como Edson Martínez (Ciudad
de México, 1998), quienes a menudo continúan el verso más allá de la solemnidad
sintomática de los temas recurrentes, adivinatoria también de una timidez
formal. En los tres poemas que aparecen ahora en Bistró vive la contrapartida
de lo rutinario, simultáneamente guardando la cercanía necesaria con el lector
para evitar la completa extrañeza. Se deja entrever desde ya una tensión
poética deliberada y efectiva.
Cualquier fingimiento
queda fuera de la composición. Pareciera que lo evidente existe allí: la consola
de videojuegos, la cancha de Fut7, el tiro desde el punto de penalti. Pero
uno se sabe también inmerso en espacios únicos. En ellos, las
experiencias reconocibles vuelven a vivirse por primera vez. El autor logra con
todo esto una predisposición a generar escenarios visualmente atrayentes y
estados anímicos complejos.
Una de las dos poéticas
distintas a las que Edson recurre media entre lo cercano y lo inusitado, como
por igual acerca el llanto a la banda. No necesita de la antítesis flagrante ni
de un alquímico sentido de revelación. Pareciera más un atento recordatorio,
eco del epígrafe de Raúl Zurita: un poema puede consistir en aviones, un cielo,
humo blanco y el nombre de un jabón para lavar ropa.
David Bonilla
Recordé que de niño había visto un avión que volaba en círculos
trazando con humo blanco el nombre de un jabón para lavar
ropa e imaginé de golpe un poema escribiéndose en el cielo
RAÚL ZURITA
WAVEBIRD
Al centro del cubo está mi estancia
Inhalar el humo de las 64 ventanas a mi izquierda
y los 4 portillos uno cerrado con vista al suelo
era abusar de la corriente y aumentar los ceros del recibo
Para el viaje nunca me desconecté del puerto
ese punto de control que rota el joystick
velocidad goma por segundo
Esta habitación me pegó la frente al techo
después de presenciar los desenlaces del camino
figuras que se movían gracias al navío de Stevens o Kojima
música de kondo
Jamás quise limpiar el polvo acumulado:
del portillo descompuesto saltaba el pixel del cable
volviendo todo color tierra en las entradas
y azul por las salidas
Le contaba a mis amigos que hay una isla al cubo
con discos viejos y mandos amarillos
a la que podríamos partir si dejaban la 360 en los puntos rojos
Desde ahí
la bandeja fue una cárcel de la que nunca salimos.
UN SALUDO AL SATÉLITE MORELOS
Ya no insistía en pasarle el balón
desandaba alzaba el polvo
hasta el lugar del tiro
Borraba sus huellas
: el pase perfecto soñaba con ser único
Desde ese momento no dejo de recordar
el campo de Fut7
donde jugaba a la bandera
y me convertía en el mártir
que transformaba el mineral
en viento
la maldición de ver el juego
a la distancia
saber
el cielo de mis pies no es verde tachonado
no vuelve a crecer la hierba donde piso
Desvío la vista hacia los faros de la cancha
y brilla solo el charco que nace de mis pies
Le pido que vuelva del satélite
donde alguna vez colgó
la marca de los tenis
un lugar frío cerca de Montreal.
MEXICANA
Le pedía que disparase con toda fuerza
para demostrar la capacidad de mis guantes
pero reía
Supe los penales más difíciles de detener
se cobran desde la escotilla de un Boeing-727.
«Dos poéticas distintas para decir te lloré una banda«,
Premio Estatal de Poesía Tiempos de Escritura 2020.

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